Disfrutar del movimiento

Quiero hablar del disfrute del movimiento, más allá de sentirlo meramente a niveles físicos, sino de que el movimiento, lento y profundo, nos transporte más allá de lo físico y nos transmita sentimientos. Impregnarse del movimiento para abrir la puerta a las emociones y que el movimiento cobre vida y sea expresivo. Que no se quede en el mero análisis físico aunque este sea pormenorizado y profundo.

Para analizar hay que parcializar, dividir, sentir las zonas o las funciones aisladas, perdiendo de vista el conjunto. Quiero sentir el conjunto y que este, aporte mucho más que el análisis detallado físico, de lo que ocurre en un musculo o articulación determinada. Quiero captar la actitud general del cuerpo en el movimiento, la emoción subyacente, el clima anímico.

El movimiento, antes que nada, ha de ser sentido y disfrutado. Hay que saborearlo como un manjar, como un pastel, como un buen vino o un licor. Y como la bebida o la comida puede haber en él múltiples y diversos sabores: dulce, agrio, fuerte, suave, acido, soso, salado, combinados entre ellos adquiriendo infinidad de matices.

Utilizo la imagen del sabor porque es quizá la más asequible para todas las personas en general. El placer de la comida y la bebida. Aunque he visto muchas veces como la comida se engulle sin saborearla, y por lo tanto no disfrutándola, únicamente saciando el hambre o la voracidad. O comiendo solo determinados platos porque ellos contienen tal o cual propiedad curativa.

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